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Habitar la huella: rastro, memoria e identidad
Joan Alvado, Eva Díez, Diego Opazo, Jose Quintanilla y Ariadna Silva Fernández

La naturaleza no es solo el escenario, sino el lenguaje con el que esta selección de trabajos fotográficos, reúnen miradas que, partiendo del paisaje, profundizan en las heridas de la despoblación, la memoria, el abandono y la búsqueda incansable de identidad.

Explorando la relación del ser humano y la naturaleza, un vínculo que se transforma constantemente.

 Mientras Eva Díez construye el hogar como un concepto portátil y esencial —esa casa que late allí donde ella se encuentra—, proponiendo un dialogo entre entorno, naturaleza y ser humano a través del concepto de la casa y reflexionando sobre la manera de vivir y habitar, Diego Opazo nos muestra la cara opuesta: la huida de lo civilizado y el deambular constante en busca de un lugar propio en un mundo que parece alejarse de lo humano. Transmitiendo un sentimiento de no pertenecer a un espacio concreto, utilizando la naturaleza como medio de expresión y camino.

Por otro lado, la huella del tiempo y la despoblación se manifiesta en el contraste de dos visiones sobre el abandono rural. Joan Alvado disecciona la despoblación desde un rigor antropológico, recogiendo la naturaleza como territorio habitado, entendiendo el paisaje y la naturaleza humana como algo inseparable y documentando la realidad de un territorio que se desvanece, mientras que Jose Quintanilla nos invita a una contemplación más melancólica y romántica, transformando el olvido en una estética del silencio. Observando el paso del tiempo y cómo la naturaleza se hacen eco de él, luchando contra la huella humana y buscando su origen.

Finalmente, Ariadna Silva Fernández con su serie, nos habla de en la pérdida de lo que somos, memoria colectiva. Al desaparecer el paisaje autóctono, desaparece el espejo donde nos reconocemos. La naturaleza se convierte en un lugar de reflexión y crítica, en torno a las deficientes apuestas medio ambientales aplicadas a la biodiversidad del bosque atlántico gallego. Si el territorio se borra, nuestra identidad se queda huérfana.

En esta exposición, el paisaje deja de ser objeto para convertirse en sujeto. Una invitación a mirar lo que queda cuando todo lo demás —(gente, casas o memoria)— parece estar a punto de desaparecer.

 No se buscan respuestas sobre el futuro del entorno rural o la crisis medioambiental, sino situarnos en el centro del problema (fractura). Planteando las diferentes maneras de entender el vínculo entre ser humano/naturaleza, permanecía/transformación, ocupación/ pertenecía. El territorio no es lo que pisamos, sino lo que nos sostiene. Cuando el paisaje se abandona, no queda solo tierra vacía, sino la pregunta de quienes somos, cuando ya no queda nada donde volver.

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